Culturales

Jaurena, su bandoneón y su mundo

Foto Mariela Murdocco

Por Eduardo Rivero – Especia para banda-oriental.com

Para los amantes del tango, escuchar un bandoneón es la más especial de las emociones. Escucharlo bien de cerca, a no más de dos metros de distancia, un deleite increíble. Y escucharlo tocado por un virtuoso de la talla del uruguayo Raúl Jaurena, un privilegio.

La charla que habíamos pactado en forma telefónica con el maestro Jaurena, para muchos el más grande bandoneonista del tango uruguayo, tuvo lugar en un break del ensayo del proyecto Escuela de Tango Destaoriya que desde hace una década este notable músico radicado en New York apadrina en Montevideo, ciudad a la que viaja no menos de tres veces al año.

Tras escuchar ese ensayo inolvidable, de cara al recital que tendrá lugar el viernes 5 de octubre en el Auditorio Nacional Adela Reta del SODRE, la charla discurrió en forma más que amable dada la proverbial gentileza de mi entrevistado.

¿Es cierto que es músico profesional desde los 14 años?

En realidad, desde antes, desde los 13.

¿Como fue que tan niño entró en el circuito de los músicos profesionales?

Yo empecé con el bandoneón a los 6 años. Mi padre era bandoneonista, tuve esa ventaja. Y en aquella época había más trabajo que músicos. Por eso a los 13, sin ser un gran bandoneonista, como es obvio, ya podía tocar en público. Empecé con una orquesta de niños cuando tenía unos 10 años. A los 13 pasé a ser profesional trabajando en la orquesta del maestro Angel Sica. También toqué con mi padre que tenía su grupo. A muy temprana edad trabajé en Buenos Aires con el maestro Donato Racciatti-allí ya tenía unos 15-luego con la orquesta de Antonio Cerviño, la de César Zagnoli, Toto D’Amario…

Podríamos decir que tocó con el “quien es quien” del tango uruguayo.

Exactamente.

Permítame una pregunta sobre su instrumento, el bandoneón. El gran músico uruguayo Hugo Fattoruso me decía que había intentado aprender el bandoneón pero que le resultó endemoniadamente difícil porque las notas no están una al lado de la otra en el orden lógico como en el piano o en la guitarra. ¿Es así?

Es absolutamente cierto; el bandoneón no es cromático sino diatónico. Las escalas son bastante misteriosas: no están el do al lado del re ni el re al lado del mi…están todas salteadas. Y además pulsando el mismo botón, cuando uno toca una nota abriendo al fuelle es una nota diferente a cuando lo toca cerrando el fuelle.

Foto Mariela Murdocco

Parte de su formación fue con el inolvidable maestro Jaurés Lamarque Pons, uno de nuestros más grandes músicos. ¿Cómo lo recuerda?

Si, fui su alumno. Lo recuerdo con todo amor, con todo cariño. Fui alumno de armonía, pero además compañero en muchos trabajos como músico.

Uno de nuestros mayores músicos en el área culta. Un músico de nivel internacional. Compositor de grandes obras.

La ópera “Marta Gruni”, la “Suite según Figari”…

Precisamente. Tuve la suerte de tocar en la ópera “Martas Gruni” en la ciudad de New York. Tremendo músico.

Le voy a nombrar algunas de las enormes figuras a las que usted acompañó y, si está de acuerdo, me dice como los recuerda. A ver…Hugo del Carril.

Acompañé a Hugo del Carril aquí en Montevideo en el Teatro Solís. El productor Solá organizó un gran concierto con cantantes argentinos entre los que estaba él. Lo recuerdo como un gran cantante y como la institución que era, todo un baluarte del tango.

Acompañó nada menos que a Edmundo Rivero…

Lo acompañé en Uruguay y también en Venezuela. Había viajado a Venezuela sin sus habituales guitarristas y lo acompañé en un programa de televisión. En realidad, fue en Venezuela donde más tuve ocasión de tratarlo a nivel personal, más allá de la música. Anduvimos varios días juntos de un lado para otro. Y era un gran, gran hombre; tremenda persona. Como artista, inmenso, pero también tremendo tipo.

También a Roberto “Polaco” Goyeneche.

Con Goyeneche realmente fuimos amigos. Lo acompañé muchísimas veces. Un grande. Y un gran compañero. Quisiera decir que todos esos tremendos cantantes de entonces tenían una humildad increíble. Lo que sucede es que si usted no es humilde no va a ser grande nunca. Va a ser un pequeño ególatra y no va a crecer nunca. Todos ellos fueron grandes porque fueron al mismo tiempo humildes. Ser músico, periodista o médico es, digamos, un accidente; en primer lugar, uno es una persona, un ser humano y eso es lo que vale.

Usted tocó con César Zagnoli. Se dice que “El Potriollo” Zagnoli fue pionero en la formación en trío de piano, bandoneón y contrabajo.

Si, fue el primero en apostar a esa formación en trío. En los años 50 se volvió de Buenos Aires y empezó a tocar en el Hotel Victoria Plaza (hoy Radisson) en principio con un trío que iba a ser de violín, piano y bandoneón, pero Oscar Alemán, el músico que regenteaba la parte musical en ese hotel, pensó que el contrabajo iba a “empastar” más el sonido que el violín. Tras el trío de Zagnoli aparecieron miles de tríos con esa formación.

En Uruguay hay un trío de músicos muy jóvenes, llamado “La Yunta” a los que la viuda de Zagnoli les dio los arreglos originales de su esposo y entonces ellos los tocan con una absoluta fidelidad al original.

Si, estaba al tanto y me parece todo un merecido homenaje.

“El tango es uruguayo también, no solo argentino Tenemos el gran privilegio de que La Cumparsita sea uruguaya” Raul Jaurena. Foto Mariela Murdocco

¿Cómo se dio su radicación en New York?

Yo viví en Venezuela durante 25 años y recibí una muy buena propuesta de un teatro de New York y fui en principio por 6 meses y luego me volví a Venezuela. Luego cumplí otro contrato de un mes en New York y de nuevo volví a Venezuela. La tercera vez que surgió un contrato ya decidí quedarme. En Venezuela las cosas se estaban empezando a complicar un poco, se venía una inflación galopante y como la oferta de Estados Unidos era realmente tentadora arreglé mis papeles y me quedé en New York. De esto hace ya 28 años.

Quiere decir que hay un mercado importante para el tango en New York.

Diría que hay un mercado importante para el tango en el mundo entero.

En Europa creo que el mercado es aún más importante que en los Estados Unidos.

Hay festivales de tango hasta en Finlandia, un país que uno jamás pensaría como un lugar tanguero…

Exactamente.

La Escuela de Tango Destaoriya en pleno trabajo con su Director, el Maestro Raul Jaurena Foto Diego Larcebeau

¿Como nace el proyecto de la Escuela de Tango Destaoriya?

Nace porque pensamos que es muy importante que la juventud haga su aporte generacional al tango y su rica historia. Yo creo que el tango no debe quedarse en la década del 40 y nada más. De todas formas para evolucionar hay que conocer las bases históricas, las raíces y eso si me parece muy bien. En la Escuela Destaoriya le enseñamos a los jóvenes lo que es el tango original. Todos los secretos, los “tips” que el tango tiene y que a partir de allí ellos aporten generacionalmente cosas nuevas.

Diría que no menos del 70% de los músicos de tango que hay en Uruguay han pasado por Destaoriya en los 10 años que la Escuela lleva funcionando.

Maestro, ¿usted viaja permanentemente a Uruguay?

Si, vengo unas tres veces al año. Ahora me quedo hasta el 6 de octubre y voy a Europa y en noviembre vuelvo a Montevideo para hacer un concierto llamado “Identidad” junto a la Orquesta Juvenil.

¿Hay un antes y un después de Troilo? Me refiero a Troilo como bandoneonista, no como director de una maravillosa orquesta y como el tremendo compositor que fue.

No creo que sea exactamente así, aunque suene sorprendente decirlo.

El fue inmensamente popular, merecidamente popular. Pero del punto de vista bandoneonístico, los más influyentes fueron los que empezaron antes de Trolio, como Laurenz o Maffia, que fueron quienes abrieron el camino de los bandoneonistas que revolucionaron el uso del instrumento. Un camino que luego transitaron Astor Piazzolla, Leopoldo Federico, Armando Pontier, Héctor Varela, por los años 40, hasta llegar a partir de los 50 a una nueva camada de bandoneonistas como Marconi, Panne, Mederos. El bandoneón ahora está resurgiendo, porque estuvo bastante muerto durante unos 20 años. Pero Troilo realmente debe haber sido el más popular, el más emblemático.

Inevitable preguntarle si Piazzolla también fue una vuelta de página en la historia del tango a partir de que dejó de tocar en la orquesta de Troilo y empezó con sus octetos, nonetos, hasta llegar a su clásico quinteto.

Piazzolla fue una figura enorme. Fue quien llevó al tango a las salas de concierto. Utilizó determinados elementos que venían por fuera del tango tradicional con enorme valentía. El tango tradicional si nadie se lo enseña, usted jamás lo va a tocar. La música de Piazzolla si puede ser tocada por músicos que vienen de una escuela por fuera del tango. El tango tradicional tiene un “marcato” en 4 tiempos que parece simple pero que es muy complicado y hay que enseñarlo. Piazzolla utilizó un “marcato” más, digamos, internacional.

En general en un tiempo de “3-3-2”

Exactamente, un 3-3-2. Y ese tiempo se usa en muchas otras músicas a lo largo del mundo. Va por fuera de la forma de marcar del tango de Troilo, Salgán o Pugliese, por ejemplo.

¿Piazzolla como ejecutante, como bandoneonista?

Un gran bandoneonista. Excepcional.

Hace muchos años lo vi tocar con su quinteto en el teatro El Galpón aquí en Montevideo y me llamó la atención que tocaba de pie, con una pierna apoyada en una silla. ¿Eso es normal?

No es lo más habitual, por supuesto que no. Pero cada tanto yo lo hago también.

¿Si le digo grandes músicos del tango uruguayos, a quien nombraría?

Han habido muchos. Edgardo Pedroza, Oldimar Cáceres, César Zagnoli, Donato Racciatti que hizo un gran aporte. Cantores, ni hablar: Julio Sosa, Gustavo Nocetti…

Y otros “de la vieja escuela” como Carlos Roldán o Enrique Campos…

Ellos también, por supuesto.

¿Es cierto que desde que en Alemania no se fabrica más desde hace muchísimas décadas el bandoneón marca “Triple A” es cada vez más difícil conseguir bandoneones y que, por lo tanto, el instrumento está despareciendo?

Eso fue rigurosamente cierto durante muchos años. Pero ahora están fabricando bandoneones en Argentina y en Alemania y son realmente muy buenos bandoneones. Yo uso los viejos “Triple A” que son extraordinarios, pero por suerte ahora se retomó la fabricación, hace como 10 años.

¿Qué proyectos tiene por delante? ¿Que le queda por hacer que aún no haya hecho?

Es bien sencillo responder esto: me gustaría seguir tocando el bandoneón. Me gustaría seguir haciendo música. Yo siempre digo “si el año que viene me da todo lo que me dio este año, soy feliz”. Quiero seguir tocando el bandoneón hasta que pueda físicamente hacerlo. Tengo una ventaja a esta edad: nunca he vendido mi alma al diablo y no hago lo que quiere determinado productor o determinado público; realmente hago lo que yo quiero hacer. En mi vida he tenido el privilegio de poder vivir de la música y del bandoneón. A esta edad vivo el día a día y los proyectos los encaro conforme van saliendo. Y por suerte siguen apareciendo una y otra vez. Y no hago “transas” para ser famoso o millonario. Si mañana me vuelvo millonario, pues mejor. Y sino, feliz como hasta ahora.

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