Salud

Obesidad Infantil

UN PROBLEMA A VENCER: La comida rápida es una de las principales promotoras de la obesidad infantil, poner mejor atención a esto puede ayudar a vencerla.


Aunque la genética predispone y el ambiente afecta, las decisiones de los padres son fundamentales… ¿es así?


Por Dulce Soto/Paisanos –

En casos de obesidad infantil, desórdenes alimenticios o problemas con la imagen corporal, se tiende a culpar a los padres. Sin embargo, también hay quien pone en duda que su influencia sea tan decisiva, se pregunta si no importan más otros factores como la genética o cuestiona que se sepa realmente qué es lo que ayuda a que nuestros hijos crezcan sanos y qué no.

A menudo, los padres de los niños obesos se sienten estigmatizados y perciben la culpa que los demás les imponen al pensar que no les importa la salud de su hijo y no hacen nada por mejorarla; subyace la idea de que los adultos son los responsables totales: si se tomaran la molestia de establecer reglas, velar por su cumplimiento o leer las etiquetas nutricionales de los productos, todo cambiaría.

Quienes no comparten esta idea creen que ni los propios expertos saben qué es bueno y qué no y que a menudo se contradicen, por lo que una mayor conciencia nutricional por parte de los padres no tendría por qué significar un cambio en la salud de sus hijos, necesariamente. Y también hay quien culpa al ambiente en que vivimos, donde la comida rápida y procesada está hipercomercializada, resulta mucho más barata, y las televisiones y aparatos electrónicos destruyen el aspecto social y familiar que tienen que tener las comidas. Entre las razones que se explican, muchas son masivas y culturales: la comida casera en los hogares se reemplazó por alimentos y bebidas ultraprocesados con altos contenidos de azúcar, grasas y sal. Se consumen pocas porciones de verdura al día y las publicidades de alimentos no saludables copan los medios de comunicación.

Por su parte, los expertos no albergan muchas dudas al respecto: consideran que el papel de los padres es fundamental en la educación nutricional de los hijos. Aunque exista un factor genético que predisponga a la obesidad, de por sí no hace que las personas se conviertan en obesas, tiene que haber un detonante que siempre es conductual y consiste en una mala alimentación.

DIETA: Es preciso cambiar la dieta saturada de azúcar y grasa, y así poder fomentar una alimentación saludable.

Según considera la pediatra ayurvédica Delfina Inda, “un niño que crece en un hogar donde no se consumen alimentos saludables y en cambio se consumen ultraprocesados, azúcares y gaseosas, es muy difícil que de adulto elija una alimentación saludable. Los niños aprenden por imitación de los padres, por eso debemos reestructurar la alimentación del hogar, en función de comer variado y hecho en casa. Para eso hay que hacerse el tiempo para cocinar, ya que la alimentación sana lleva tiempo (muchas veces no lo tenemos)”.

Según la doctora Olga Ramos, “la obesidad infantil es de fácil diagnóstico, difícil tratamiento y muy mal pronóstico. Está comprobado que cuanto más precoz es la aparición de la obesidad, más difícil es su tratamiento. La base del mismo debe ser un plan de alimentación moderadamente hipocalórico combinado con actividad física y educación alimentaria, tanto del chico como de su familia”, explica la especialista.

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