Deportes

Un País en Modo Celeste

Por Eduardo Rivero Especial para Banda Oriental.

Del mismo modo en que un lavarropas funciona en modo centrifugado o un teléfono celular en modo avión, el Uruguay desde hace ya varias semanas viene funcionando en modo celeste.

Futboleros hasta la médula, presos de un pasado de glorias inauditas para un pequeño país como el nuestro, cuando se acerca el mundial no podemos evitar-ni queremos evitar-el empezar a funcionar en modo celeste todos los días, todas las horas, todos nosotros.

Y cuando digo “todos nosotros” me refiero a los uruguayos que vivimos aquí o a miles de kilómetros de este rinconcito escondido entre Argentina y Brasil, este gran país que ha aportado tanto a la cultura mundial, este ejemplo de democracia y, claro, esta cuna de deportistas de impresionante desempeño, que aún no muy bien comidos desde niños ni muy bien entrenados desde adolescentes, han logrado hazañas que otros países del primer mundo, superpoblados, industrializados, tecnificados y gravitantes a nivel mundial del punto de vista geopolítico no han conseguido ni en sueños.

Nuestros próceres de hoy, nuestros ídolos masivos, son Diego Godín, Edison Cavani, Luis Suárez.

Vivimos en modo celeste porque Godín, Cavani y Suárez aparecen en la televisión vendiendo televisores, teléfonos celulares, afiliación a canales de cable, refrescos, opciones de préstamos convenientes en financieras y bancos y muchas otras opciones imaginables e inimaginables.

Vivimos en modo celeste porque en cada esquina venden banderas uruguayas-siempre es emocionante ver nuestra bandera, nuestra huella de identidad de un sol y nueve franjas-y los autos llevan esas banderas prendidas de sus ventanillas laterales, aleteando al viento del helado invierno uruguayo.

Vivimos en modo celeste porque la bandera, en realidad, está por todos lados, como por ejemplo pasa en los Estados Unidos un país que vive en modo “barras y estrellas” eternamente. A nosotros el modo celeste nos pica unas semanas y cada cuatro años, pero igual es un modo tan emocionante como bienvenido.

Vivimos en modo celeste porque se le ofrece al público uruguayo promociones de todo tipo para ganarse un viaje a Rusia a ver a la selección y opciones de compra tan novedosas como sorprendentes, del tipo “comprá un televisor 50 pulgadas calidad HD 4K y si Uruguay llega a la final te devolvemos el dinero”.

Vivimos en modo celeste porque desde hace semanas los canales de televisión privados ya tienen periodistas instalados en Moscú y en especial en las ciudades donde Uruguay jugará su serie contra Egipto, Arabia Saudita y Rusia, y envían sus reportes cada día a toda hora.

Vivimos en modo celeste porque una institución nacional que renace cada vez que hay una competencia deportiva o política ha reaparecido con toda su fuerza: las “pencas” que se arman sobre los posibles resultados del mundial en oficinas, comercios o simplemente a nivel de las familias.

Vivimos en modo celeste porque cuando aún faltan varios días al momento de escribir esta nota para que arranque el mundial, ya están organizados los asados para reunir a la familia y los grupos de amigos para ver los partidos que en el horario uruguayo coincidirán en muchos casos con mediodías especialmente aptos para ese tipo de reuniones.

Vivimos en modo celeste porque, como es clásico en todo uruguayo que se precie, campean el exitismo de asegurar que pasamos sin dudas la primera serie, y el derrotismo de suponer que en octavos de final nos van a dejar afuera o España o Portugal, con quienes el fixture de la competencia nos cruzará inexorablemente.

Vivimos en modo celeste porque no se habla de política sino de fútbol y porque los políticos, cuando aparecen, también hablan de fútbol.

Vivimos en modo celeste porque los noticieros en el horario central de las siete de la tarde abren con las noticias de la selección, el mundial, los rivales, etc.

Vivimos en modo celeste porque se da una enorme cobertura de prensa cuando Godín, Cavani, Suárez-entre otros cracks de la selección-visitan el hospital de niños Pereira Rossell o la fundación oncológica infantil Peluffo-Giguens y esas visitas se convierten en noticias de primera plana.

Vivimos en modo celeste porque reviven las viejas canciones de las mil batallas celestes de la época gloriosa que va desde los títulos Olímpicos de 1924 y 1928 pasando por el mundial de 1930 para llegar al aún increíble Maracanazo de 1950, la más grande hazaña futbolística a nivel mundial de todos los tiempos: “Uruguayos campeones”, “Celeste, gloriosa malla” o “Vayan pelando las chauchas”.

Vivimos en modo celeste cuando hasta a través de algún comercial ha regresado la canción del mundialito de 1980 “Uruguay te queremos ver campeón” que estaba semi olvidada.

Vivimos en modo celeste porque en los últimos años siguieron naciendo nuevas canciones que glorifican la malla color cielo con el mismo fervor y la misma emoción que las canciones de antaño.

Por ejemplo “Descolgando el cielo” del cantautor Edu “Pitufo” Lombardo:

“Nunca favoritos, siempre desde atrás

milagros que nos abrazan/en el minuto final…”

Por ejemplo “Gloriosa celeste” cantada por Washington “Canario” Luna:

“Gloriosa celeste

nacida del barrio, del picado callejero

de los baldíos, del campito, del potrero

de los recreos en la escuela con pelota de papel…”

Por ejemplo “Un grito celeste” de la banda La Tuerca

“Celeste, hasta la muerte

que sepa el mundo lo que te quiero

y te quise siempre

celeste, sos la más linda

la más hermosa pasión

que me regaló la vida…”

 

Por ejemplo “Nací celeste” de la banda de rock Snake:

“Yo sé muy bien quien soy

me conocí siendo siempre

yo soy el mismo que vos

cuando grito ¡soy celeste!

 

Por ejemplo “Cielo de un solo color” de la banda rock “No te va a gustar”:

“…con los dientes apretados

cielo de un solo color

en el alma está guardado

¡ay, celeste, regalame un sol!…”

Vivimos en modo celeste cuando sigue brillando la que, en mi opinión es la más grande canción glorificando la celeste de la era moderna, la impresionante

“Cuando juega Uruguay” de Jaime Roos:

“Como un cielo de verano

como el trueno de un tambor

con la cara del murguista

cuando baja del camión

asomando por el túnel

dominando la emoción

a la cancha la celeste

al boliche de la esquina

cerca del televisor.

Vamo’

vamo’arriba la celeste

vamo’

desde el Cerro a Bella Unión

Vamo’

como dice el Negro Jefe

‘los de afuera son de palo’

que comience la función..”

Confieso, para terminar esta nota, que yo también estoy viviendo en modo celeste. Que vibro de emoción de solo pensar en ver a Uruguay saliendo a la cancha frente a Egipto el viernes 15.

Y que cuando me siente frente al televisor a vibrar con Uruguay, a mi lado estarán los que están y los que alguna vez estuvieron y ya se fueron, quienes me enseñaron de niño como a vivir en modo celeste.

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